
"No conozco la fe,
pero es el caso que la palmera
pudo crecer entre los pinos,
y yo vuelvo a mirarla
con paciencia de isla."
Los republicanos, al conmemorar el 78 aniversario de la proclamación de la II República, el 14 de Abril de 1931, como herederos de los valores de Justicia, de Libertad, Igualdad y Fraternidad que impregnan el sentir de todos los que reivindicamos la República como forma de Estado, queremos reafirmar, en primer lugar, nuestro reconocimiento a la ingente labor desarrollada durante la II República.
Los significativos e, incluso revolucionarios, cambios democráticos que durante su corta experiencia se llevaron a efecto en nuestro país en todos los ámbitos políticos y sociales, en materia de derechos fundamentales, libertades, separación de poderes, laicidad del Estado, compromiso por la Paz, así como los incuestionables avances que se dieron en el marco jurisdiccional, educativo y cultural. Aspectos que, hasta entonces, habían sido vetados al conjunto de la ciudadanía española, y en especial, a las mujeres, los trabajadores y las clases sociales más desfavorecidas.
Igualmente, para los que suscribimos el presente manifiesto, es nuestro propósito, en esta fecha tan sentida por todos nosotros, hacer patente nuestro compromiso por la consecución de la III República. En este sentido, nos comprometemos a redoblar nuestro esfuerzo y trabajo en ese proceso de regeneración democrática, de renovación ética, política y social que necesita nuestro país y que, sin lugar a dudas, pasa, desde la izquierda, por la Construcción de la Alternativa Republicana. Alternativa democrática, plural y participativa que desde el movimiento republicano venimos desarrollando con el fin de que los valores republicanos vayan siendo asumidos por la sociedad española, de tal forma, que se propicie una nueva situación que culmine en un Proceso Constituyente, en la III República y en el definitivo fin de la monarquía impuesta por el régimen fascista del general Franco.
No obstante, en este proceso de regeneración política y social es obligado superar ciertas lacras que arrastramos desde la Transición y que se han ido viciando con el tiempo. Todas estas trabas se manifiestan, en el tejido social de nuestro Estado, a través de en un déficit político y democrático cada vez más acentuado, en una crisis político-social agravada como consecuencia del derrumbe económico del sistema neoliberal desaforado y depredador que, en base a la especulación urbanística y financiera que durante las dos últimas décadas, con la más absoluta impunidad y en un entorno de falta de ética, de corrupción y de trapicheo político, se han enquistado en ciertos estratos del empresariado con la complicidad de gobiernos y fuerzas políticas, y cuyo resultado no puede ser más desolador: caída de la producción, quiebras, embargos, altas tasas de desempleo, precariedad laboral, aumento significativo de la pobreza, marginación y exclusión social. Todo ello viene a revelarnos un secreto a voces: el agotamiento de un sistema político y de un modelo económico capitalista que es necesario superar, del mismo modo que hay que superar el modelo constitucional que lo sustenta.
De ahí que sea obligado proporcionar una serie de elementos que posibiliten la reflexión, el debate y la conciencia crítica dentro del entramado político y social en el que se encuentra estructurado el proyecto con el que los republicanos nos sentimos ideológica y moralmente identificados.
La crisis económica
La crisis económica actual, de enorme gravedad, es una crisis global que está implícita en el propio sistema de globalización capitalista, a nivel mundial y también aquí, en nuestro país. No se trata, como nos quieren hacer creer, de una crisis puntual y pasajera, ni tampoco es el resultado de fallos en los mecanismos de control y supervisión del sistema. No sólo es eso. El capitalismo como sistema ha mostrado su fracaso como impulsor de la igualdad, la democracia, las libertades, la paz y también de respeto de los Derechos Humanos, además de ser generador de conflictos, injusticias y tensiones internacionales de todo tipo.
En este sentido, a la hora de plantear el modelo económico y social de salida de la crisis, es imprescindible aumentar la democracia para que sean los propios ciudadanos, con información y transparencia, los sujetos del debate social y decisión colectiva. Que los poderes económicos estén controlados de una forma efectiva por el poder democráticamente elegido, en lugar de estar solapados o por encima de él.
Asimismo, es ineludible la asunción del valor de los espacios públicos como criterio prioritario frente al beneficio privado. Igualmente, es necesaria la exigencia de una banca y un fuerte sector público con una verdadera planificación democrática de la economía como, al tiempo es obligado promover nuevas fórmulas de organización social, modos distintos de producir, gestionar y repartir la riqueza que permitan satisfacer las necesidades de la gran mayoría, de tantos millones de seres humanos, además de procurar la sostenibilidad del medio ambiente. En suma, fomentando otros valores y otros ideales cuyas raíces sociales sean el bien común, la justicia y la solidaridad porque, entre otras cosas, no existe otro camino.
La Memoria Histórica
(Por la dignidad de la memoria, por la memoria de la dignidad)
El trabajo que desde las organizaciones memorialísticas y desde el propio movimiento republicano se viene desarrollando por la recuperación de la Memoria Histórica tiene, en sí misma, una profunda carga, no sólo de denuncia del franquismo sino de cuestionamiento crítico y de ruptura con el modelo de Transición que se nos impuso y, en consecuencia, de reivindicación de la República como legalidad truncada a restablecer y como alternativa frente a la Monarquía impuesta. Por ello, es por lo que creemos que el impulso existente sobre la recuperación de la Memoria Histórica, al margen de sus vericuetos judiciales o de las zancadillas y desvergüenzas políticas, es un proceso social de importancia capital y de difícil vuelta atrás, manifestando nuestro compromiso por trabajar en conjunto con otros colectivos por su plena consecución por lo que supone de justicia para con las víctimas del franquismo, pero también como palanca de ruptura con el modelo constitucional heredado.
La Alternativa Republicana
(¿Reyes? Sí, pero en los cuentos de hadas)
Como republicanos, reiteramos nuestra desvinculación de la Monarquía por ser una institución radicalmente antidemocrática carente de cualquier atisbo de encaje y justificación en nuestro tiempo.
Por su origen, por sus privilegios que vulneran los más elementales fundamentos democráticos: su carácter vitalicio e inmovilista, hereditario e irrevocable; la "inviolabilidad" del monarca; el "no estar sujeto a responsabilidad" en sus actos; la ausencia de control alguno sobre sus actividades, su patrimonio y sus gastos a cargo del erario público. Es oportuno, denunciar, igualmente, el blindaje político y mediático de silencios y pleitesías que rodea a la institución, al monarca y a sus actuaciones y, a la vez, las medidas de tipo administrativo, policiales y judiciales que intentan acallar las voces cada vez más críticas a la corona que, como pura libertad de expresión, están, no obstante, abriendo continuas brechas en este terreno.
Así, frente a la Monarquía, apostamos por más Democracia, por la III República. Una Republica federal, laica, solidaria y participativa en la que se reconozca el derecho de autodeterminación de los pueblos y se concrete definitivamente la separación Iglesia-Estado; donde los Derechos Humanos, efectivos y exigibles por Ley, sean el referente inexcusable sobre el que pivoten toda actuación de gobierno. Un Estado con una Justicia verdaderamente independiente del poder ejecutivo que asegure el derecho de todos los ciudadanos a disponer de unas leyes igualitarias y efectivas. Un sistema cuya práctica política sea la democracia radical promoviendo cauces reales que favorezcan la libre participación de los ciudadanos y éstos, con derechos y obligaciones, sean los sujetos centrales de la acción política y social. Todos estos elementos, en su conjunto, hacen que la República, como forma de Estado, sea un modelo moralmente superior y más justo que el sistema vigente en la actualidad, ofreciendo además, un espacio público donde se defienden los derechos que demanda la ciudadanía.
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¡Qué error ser yo bajo la luna!
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